¿Qué significa recibir desde la conciencia?

Cuando alguien se pregunta qué significa recibir, la mente suele responder de inmediato: aceptar algo que viene de afuera. Dinero, ayuda, reconocimiento, afecto. Sin embargo, en la experiencia cotidiana se vuelve evidente que recibir no es tan simple.

En el Capítulo 9 de Entregados, compartido junto a Fernando Raspo, apareció esta observación con mucha claridad: recibir no es un acto externo, sino una disposición interna. La vida ofrece constantemente, pero no siempre estamos disponibles.

Recibir no es acumular ni depender. Es permitir.

Antes de preguntarnos por qué nos cuesta recibir, tal vez convenga mirar con honestidad qué sucede internamente cuando algo llega. A veces aparece incomodidad. O la necesidad de compensar. O la sensación de deuda. O incluso un impulso casi automático de rechazar.

Allí empieza a revelarse una comprensión más profunda.


La resistencia silenciosa

Muchas veces creemos que el problema está en que no llega lo que esperamos. Pero si observamos con atención, descubrimos que incluso cuando llega, no siempre sabemos sostenerlo.

Por qué nos cuesta recibir no tiene una única respuesta. Puede haber culpa, miedo a perder autonomía o la creencia de que recibir nos coloca en una posición vulnerable. La identidad construida alrededor del “yo puedo solo” se siente amenazada cuando algo viene sin esfuerzo.

Estar dispuesto a recibir implica soltar la idea de autosuficiencia como valor absoluto. Y eso no es cómodo para la estructura del ego. Porque recibir expone que no controlamos el flujo de la vida.

La mente interpreta el acto de recibir como un intercambio. Algo entra y algo debe salir. Desde esa lógica, recibir se vuelve una carga. Sin embargo, cuando la conciencia se abre, la dinámica cambia.

“Para recibirlo todo, primero debes vaciarte de todo lo que crees poseer.” (David Hawkins)

Vaciarse no es perder. Es dejar espacio.


Recibir como apertura interior

Si la pregunta qué significa recibir se contempla desde la conciencia, deja de ser conceptual. Se vuelve vivencial. Recibir es permitir que la experiencia llegue sin filtrarla desde la defensa.

Abrirse a recibir no es adoptar una postura espiritual ni repetir afirmaciones. Es una suavidad interna. Un gesto casi imperceptible donde dejamos de protegernos constantemente de lo que podría ocurrir.

A veces lo que llega no coincide con nuestras expectativas. Puede ser una corrección, un límite, una pérdida o una oportunidad inesperada. Recibir desde la conciencia implica no rechazar de inmediato aquello que desafía nuestra imagen personal.

En el diálogo apareció algo sencillo pero profundo: no podemos recibir plenamente aquello que creemos no merecer. Y mientras esa creencia permanezca oculta, el rechazo seguirá operando en silencio.

La resistencia no siempre es visible. Puede manifestarse como autosabotaje, como desvalorización o como una constante minimización de lo que llega. Desde afuera parece humildad. Internamente es defensa.

“Dar y recibir son en verdad lo mismo.” (Un Curso de Milagros)

Cuando esta comprensión se integra, la dinámica cambia. Si dar y recibir no están separados, entonces cerrarnos a recibir también limita nuestra capacidad de dar auténticamente.


Estar disponible para la vida

Estar dispuesto a recibir no significa aceptar pasivamente cualquier circunstancia. Tampoco implica abandonar el discernimiento. Se trata más bien de una apertura básica a lo que es.

Recibir desde la conciencia es reconocer que la vida no está en contra. Que lo que llega no siempre es castigo ni recompensa, sino expresión del movimiento total.

Cuando dejamos de interpretar cada experiencia como algo personal, la resistencia comienza a aflojar. Y en ese aflojamiento aparece algo inesperado: una sensación de sostén que no depende de condiciones externas.

Tal vez qué significa recibir no se responda con una definición cerrada. Tal vez sea una pregunta que se vive. En el momento en que soltamos la necesidad de controlar lo que entra o lo que sale, algo se relaja profundamente.

Recibir no es pasividad. Es confianza.

Y esa confianza no se fabrica. Se descubre cuando dejamos de defendernos de la vida misma.

Gracias por acompañar este espacio de presencia compartida.

Karel

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