En la incesante búsqueda por la plenitud, a menudo recorremos senderos complejos, acumulamos conocimientos teóricos y perseguimos logros externos con la esperanza de llenar un vacío que parece no tener fondo.
Sin embargo, en este quinto encuentro del ciclo Entregados, que tengo el honor de compartir junto a mi gran amigo y hermano Fernando Raspo (@fernandoraspo), nos adentramos en una vía que desafía toda lógica de adquisición: la vía de la sustracción.
Hoy quiero profundizar contigo en una pregunta fundamental para todo buscador: ¿qué es la autoindagación?
Lejos de ser una mera técnica intelectual, se presenta como una herramienta ancestral que no busca añadirte más capas, sino desmantelar la estructura misma del falso yo. Te propongo que esta práctica no es solo un método de meditación, sino el camino a la felicidad genuina .
A través de este diálogo, que transita desde la experiencia física límite hasta la sutileza de la consciencia, te invito a detenerte. Es momento de hacernos la pregunta más esencial de todas: ¿Quién es el que experimenta la vida?
Descubrirás que la respuesta no es teórica, sino vivencial. Al integrar el dejar ir con esta práctica, abrimos un atajo directo hacia la paz que siempre ha estado presente.
De la experiencia límite a la verdad interna
Comenzamos este encuentro con la energía aún vibrante de lo que vivimos recientemente en el evento presencial “Expansión Infinita”, facilitado por Matías Siles y su equipo.
Este contexto no es anecdótico para mí; sirve como un espejo perfecto para comprender las barreras mentales que nos separan de la verdad. Fue una oportunidad para reencontrarme con otros que están en esta misma sintonía de redescubrimiento .
Durante ese fin de semana, atravesamos experiencias físicas de alta intensidad. Vivimos la inmersión en hielo, caminamos sobre brasas ardiendo y nos enfrentamos al desafío de romper tablas de madera con la mano desnuda .
La ruptura de los límites mentales
Lo que desde afuera puede parecer una proeza física o una demostración de fuerza bruta, en realidad lo viví como un ejercicio profundo de trascendencia mental.
Al enfrentarme al fuego o al hielo, mi “yo pequeño” —esa identidad construida sobre el miedo y la supervivencia— gritaba que era imposible. Sin embargo, al cruzar ese umbral, descubrí que el límite no estaba en mi biología, sino en mi creencia .
Esta observación es el preámbulo necesario para entender qué es la autoindagación. Así como rompemos la barrera del miedo para caminar sobre el fuego, la indagación nos invita a romper la barrera de la identidad egoica para encontrar el Ser.
“Esas experiencias nos permiten asomar la cabeza fuera de la caja que nos habíamos construido. Nos demuestran que, si pudimos vencer el miedo allí, podemos aplicar esa misma certeza en los desafíos de la vida diaria.”
El evento físico actúa como una metáfora encarnada. Lo que creemos ser (frágiles, limitados, temerosos) es una ilusión que se desmorona ante la decisión firme de la consciencia.
El origen de la vía directa: Ramana Maharshi
Para comprender la profundidad de esta herramienta que compartimos con Fer, es esencial remitirse a su exponente moderno más claro: el sabio hindú Ramana Maharshi.
En la charla recordamos cómo, a la temprana edad de 16 años, Ramana fue asaltado por un miedo repentino y aterrador a la muerte. En lugar de huir de esa sensación, buscar distracciones o pedir ayuda, tomó una decisión radical: enfrentarla completamente .
La muerte del yo falso
Ramana se acostó en el suelo de su habitación e imitó la rigidez de un cadáver. Dirigió toda su atención hacia adentro y se hizo una pregunta crucial: “Si el cuerpo muere, ¿muero yo?”.
Observó que el cuerpo podía estar inerte, pero la percepción de existencia continuaba intacta. Vio con claridad que los pensamientos y el miedo a morir eran objetos observados, pero no el sujeto observador.
“En lugar de huir, se acostó y se preguntó qué parte de él iba a morir. Al quedarse ahí, se dio cuenta de que la parte que tenía miedo era su parte egoica, ilusoria, y simplemente la dejó ir.”
De esa experiencia espontánea nació la técnica de autoindagación. No surgió como un dogma religioso, sino como un método científico de observación interna directa. Descubrió que la muerte es un concepto que aplica al cuerpo y a la mente, pero no a la consciencia que los atestigua.
Esta “vía directa” evita los rodeos innecesarios. No busca mejorar a tu personaje, ni sanar tu historia pasada, ni darte mejores juguetes en el mundo. Busca, simplemente, descubrir que el personaje no es real.
Definiendo la práctica: ¿Qué es la autoindagación?
En el mundo del desarrollo personal, estamos muy acostumbrados a enfocarnos en el objeto. Queremos arreglar el dinero, mejorar la pareja, cambiar el gobierno o sanar el cuerpo.
Al preguntarnos qué es la autoindagación, encontramos que propone un giro de 180 grados. Te invito a dejar de mirar lo visto y empezar a mirar al que ve .
La raíz del árbol
Con Fer utilizamos la analogía del árbol para explicar este cambio de enfoque radical. Habitualmente, nos perdemos en las ramas y las hojas, que son los miles de pensamientos y problemas cotidianos. Intentamos podar una hoja aquí y allá, pero el árbol del sufrimiento sigue creciendo porque la raíz está intacta.
“Cualquier pensamiento surge de un pensador. Si cortamos la raíz, que es el sentido del ‘yo’ personal, todas las ramas del sufrimiento se secan automáticamente.”
Cuando surge un pensamiento de preocupación, nuestra tendencia habitual es analizar el contenido de la preocupación. La indagación ignora el contenido y pregunta: ¿A quién le surge este pensamiento? .
La respuesta inevitable es: “A mí”. Y ahí entra la pregunta clave que abre la puerta: ¿Y quién soy yo?.
Al buscar a ese “yo”, a esa entidad que se supone que sufre o piensa, no encontramos nada sólido. Encontramos silencio. Y en ese vacío de identidad personal, se revela el camino a la felicidad como nuestro estado natural.
La fusión de dos potencias: Dejar Ir y Autoindagación
Uno de los aportes más valiosos que exploramos en este capítulo de “Entregados” es la propuesta de integrar el dejar ir y la indagación como una sola práctica unificada.
Podría verse como la unión de Occidente y Oriente. El “Dejar Ir” (popularizado por David Hawkins) trabaja sobre el campo emocional y la rendición. La “Autoindagación” (Ramana Maharshi) trabaja sobre el campo mental y la identidad.
Al combinarlas, creamos una herramienta de liberación de altísima velocidad y eficacia .
Paso 1: La entrega (Enfoque Occidental)
Cuando surge una incomodidad, un miedo intenso o una situación de conflicto, el primer paso es la rendición emocional. Nuestra mente occidental tiende a resistir el dolor, a querer explicarlo o a medicarlo.
La propuesta que te hago aquí es entregarte a la experiencia tal cual es.
“Me entrego a lo que la vida me está proponiendo en este instante. Si siento escasez, vivo la experiencia de la escasez completamente. Acepto la sensación y dejo de forzar para que sea distinta.”
Este paso limpia el campo emocional. Es el acto de quitar la resistencia. Es decirle “sí” al momento presente, por muy doloroso que parezca. Es permitirse sentir hasta la última gota de la emoción, sin juzgarla ni etiquetarla.
Paso 2: El origen (Enfoque Oriental)
Una vez que has aceptado la emoción y has dejado de luchar contra ella, surge un espacio de claridad. La energía ya no está colapsada en la resistencia.
En ese momento, aplicas la pregunta indagatoria: ¿Quién es el que está sintiendo esto?.
“¿Quién tomó la decisión de entregarse a la experiencia? Cuando llevas la atención a ese ‘quién’, te das cuenta de que el que sufre es un yo pequeño, una construcción mental que se disuelve al ser observada.”
Al hacer esto, retiras la consciencia del objeto (la emoción o el problema) y descansas en ti mismo. Pasas de ser la víctima de la circunstancia a ser la Presencia que la contiene.
El yo pequeño versus el Ser
Para entender por qué esta práctica es realmente el camino a la felicidad, es crucial distinguir entre el yo pequeño y el Ser.
El “yo pequeño” es una colección de memorias, hábitos, etiquetas (tu nombre, tu profesión, tu género, tu nacionalidad) y condicionamientos. Es una entidad frágil que siempre se siente incompleta y separada. Por eso vive con miedo: porque sabe, intuitivamente, que su existencia es temporal y depende de condiciones externas .
La ilusión de la etiqueta
Desde niños se nos enseña a identificarnos con etiquetas: “Soy abogado”, “soy madre”, “soy exitoso”, “soy espiritual”. Pero todas estas son agregados.
“Nos endosamos etiquetas y más etiquetas… Pero detrás de todo eso, la consciencia que es consciente es la que has usado siempre.”
La técnica de autoindagación actúa como el disolvente de todas estas etiquetas. Cuando te preguntas sinceramente ¿quién soy yo?, ninguna etiqueta se sostiene.
¿Eres tu nombre? No, puedes cambiarlo. ¿Eres tu cuerpo? No, cambias células constantemente. ¿Eres tus pensamientos? No, ellos vienen y van, pero tú permaneces.
Lo que queda cuando todo lo cambiante se retira es el Ser. Es una presencia eterna, inmutable y feliz por naturaleza. Como bien señaló Fer, el yo pequeño es solo una sensación pasajera: “El yo es simplemente una sensación como una emoción, que en 90 segundos desaparece” .
Ejemplos prácticos en la vida cotidiana
Quiero que sepas que esta no es una práctica reservada para monjes en cuevas del Himalaya. Su poder radica en su aplicación en el mercado, en la oficina y en la familia. Durante el vivo con Fer, compartimos ejemplos cotidianos para ilustrar qué es la autoindagación en la vida real.
El ejemplo del mate
Utilicé un objeto simple que tenía a mano, un mate, para deconstruir la propiedad y la identidad. El pensamiento dice: “Este es mi mate”.
La indagación pregunta: ¿Quién es ese “mí” que reclama propiedad? Aparece el yo pequeño, el personaje Karel. La indagación profundiza: ¿Y quién es consciente de ese personaje Karel?
“Piensas al que piensa. Y ahí te das cuenta de que tú no eres el personaje, sino la consciencia en la que el personaje aparece.”
Y esa consciencia no necesita el mate para estar completa.
El ejemplo de la guerra
Abordamos un tema sensible que surgió en un retiro: la percepción del conflicto y la guerra en el mundo. El ego dice: “Veo guerra y eso me angustia, el mundo está mal”.
La indagación pregunta: ¿Dónde está la guerra realmente? ¿Está afuera o está en la interpretación de mi mente? ¿Quién es el que ve conflicto? .
Al retirar la proyección, descubres que el conflicto es una interpretación del yo separado. El Ser, que es unidad, no puede ver separación real.
“Si yo le aporto paz a la guerra, le estoy aportando algo que la situación no tiene. Esa es la verdadera transformación.”
El ejemplo del ruido (Tinnitus)
Compartí el caso de una persona en sesión que sufría por un ruido constante en el oído. Su resistencia (“no quiero escuchar esto”) amplificaba el sufrimiento.
La aplicación fue: sumergirse en el ruido (Dejar Ir) y preguntar quién es consciente del ruido (Autoindagación). Al hacerlo, descubrió que detrás del sonido había un silencio de fondo, una presencia que no estaba siendo afectada por el ruido .
La base científica y energética
Aunque el camino a la felicidad a través de la indagación parece místico, tiene un correlato energético y científico explicable a través del Mapa de la Conciencia de David Hawkins, tema que nos apasiona con Fer.
Cuando liberas al “yo pequeño” y dejas de sostener pensamientos de miedo, deseo o culpa, la frecuencia vibratoria de tu sistema se eleva. Pasas de los niveles de fuerza (contracción) a los niveles de poder (expansión).
El sistema de activación reticular
A nivel neurológico, como bien explicó Fer, al limpiar la percepción mediante la indagación, se activa y recalibra el Sistema de Activación Reticular (SAR). Este filtro cerebral determina qué información llega a tu consciencia consciente.
Si tu vibración es de miedo, el SAR te muestra peligros. Si tu vibración se eleva a la paz mediante la indagación, el SAR comienza a mostrarte oportunidades, soluciones y sincronicidades que antes eran invisibles para ti .
“Al limpiar mi percepción… es como que activo una parte de mí que me permite ver cosas que antes no veía. Oportunidades de negocio, soluciones, coincidencias. La realidad externa empieza a reflejar el nuevo estado interno.”
Esto responde a la inquietud práctica: ¿sirve esto para la vida real? La respuesta es un rotundo sí. Una mente en paz es infinitamente más eficiente, creativa y próspera que una mente en conflicto.
El obstáculo: el miedo a desaparecer
Si esta técnica es tan simple y directa, ¿por qué no la practicamos todo el tiempo? ¿Por qué nos resistimos a integrar el dejar ir y la indagación?
La respuesta es el miedo existencial. El ego intuye que, si se le observa de cerca, desaparecerá. Y para el ego, la desaparición es la muerte.
Todos nuestros miedos están sustentados en el miedo a dejar de existir. Si crees que sos un cuerpo, obviamente vas a sufrir, porque el cuerpo es frágil. La autoindagación te para de frente a esa creencia .
Nos aferramos a nuestros problemas y a nuestra identidad sufrida porque nos da una sensación de existencia sólida. “Sufro, luego existo”. Soltar el sufrimiento se siente, paradójicamente, como una pérdida de identidad.
Se requiere valentía para atravesar ese vacío inicial. Pero la promesa de Ramana Maharshi y de todos los grandes maestros es que, al otro lado de ese miedo a no ser nadie, se descubre que se es Todo.
El servicio como expansión
Hacia el final del encuentro con Fer, tocamos un punto que me emociona especialmente: la autoindagación no es un acto egoísta de salvación personal.
Al liberar tu propia mente, prestas un servicio incalculable a la totalidad. Cuando te estableces en la paz, esa paz se irradia y afecta al campo de consciencia colectivo.
Fer compartió una frase poderosa de uno de sus mentores que resume esta verdad:
“Una hora de servicio genuino y de aporte hacia otro ser humano resta o contrarresta cien horas de sufrimiento para quien hace ese servicio.”
El verdadero servicio nace del desbordamiento. Cuando la felicidad como estado natural se ha recuperado, el impulso natural es compartirla. Ya no das para recibir algo a cambio (aprobación, dinero, amor), sino que das porque la naturaleza de tu Ser es irradiar.
Integración: el atajo definitivo
Al comprender finalmente qué es la autoindagación, la reconocemos como el atajo definitivo. Evita los años de terapia analítica, las complejidades de los rituales y la dependencia de factores externos.
Es una herramienta que tienes disponible aquí y ahora, a la distancia de un pensamiento.
Te propongo este ejercicio simple para tu semana:
- Detente: Ante cualquier malestar, pausa la reacción automática.
- Siente: Escanea tu cuerpo y entrégate a la sensación física (Dejar Ir).
- Pregunta: ¿Quién está experimentando esto? (Autoindagación).
- Observa: Busca al “yo” que reclama el problema. Al no encontrarlo, descansa en el silencio que queda.
La felicidad que buscamos desesperadamente en el futuro, en el próximo logro o en la próxima relación, ya está disponible en el fondo de quien eres. Esta práctica es simplemente la manera de dejar de buscar las gafas por toda la casa y darse cuenta de que siempre las llevamos puestas.
La invitación queda abierta: pruébalo. No me creas, experiméntalo. En la próxima incomodidad, en lugar de huir, atrévete a preguntar: ¿Quién soy yo?.
Gracias por acompañarnos en este viaje. Nos vemos en el próximo capítulo.
Gracias por acompañarnos hasta aquí.
Abrazo grande!
Karel y Fer
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