Perdón y aceptación: la llave hacia la paz interior

El perdón y la aceptación suelen confundirse con resignación o con una forma silenciosa de renuncia. Como si aceptar o perdonar implicara justificar lo ocurrido o negar lo que se siente. Sin embargo, en la experiencia directa, sucede algo muy distinto.

Cuando se abre el espacio de perdón y aceptación, algo deja de tensarse internamente. No porque la vida se vuelva más simple, sino porque deja de vivirse como un conflicto permanente. Esta comprensión apareció con claridad en el encuentro Entregados, compartido junto a Fernando Raspo, donde el diálogo fue revelando una vivencia más profunda que cualquier explicación.

Aceptar no es hacer algo con la experiencia. Es dejar de luchar contra ella.


La aceptación como umbral

Durante la conversación se hizo evidente que la aceptación no es un estado final ni un logro personal. Es un punto de inflexión. Un umbral desde el cual la experiencia empieza a ordenarse sola, sin necesidad de control.

La mente suele resistirse a este movimiento. Prefiere lo conocido, incluso cuando duele, antes que la apertura que implica soltar una identidad sostenida durante años. Por eso, preguntarse qué es la aceptación no es solo un ejercicio conceptual, sino una observación honesta de dónde seguimos tensando la vida.

“Entregar a Dios lo que uno cree ser no le deja sin nada; al contrario, lo lleva al descubrimiento de que es todas las cosas.” (David Hawkins)

Aceptar no es pasividad ni indiferencia. Es reconocer que no sabemos cómo deberían ser las cosas y permitir que la experiencia sea tal como es. En ese gesto simple, comienza a revelarse una paz que no depende de condiciones.


Perdón y liberación interior

En el diálogo apareció con mucha claridad que perdón y aceptación no son procesos separados. Son expresiones de la misma disposición interna. Mientras haya resistencia, la culpa sigue operando. Y mientras la culpa se mantenga activa, la paz interior no puede estabilizarse.

Desde esta mirada, qué es el perdón deja de asociarse con absolver a otro por algo que ocurrió. El perdón apunta a reconocer que el sufrimiento no está en el hecho, sino en la interpretación que se sigue sosteniendo en el tiempo.

“El perdón reconoce que lo que pensaste que tu hermano te hizo no ocurrió.” (Un Curso de Milagros)

Perdonar no significa negar la experiencia ni minimizar lo vivido. Significa soltar la carga que quedó adherida a esa experiencia. Cuando esta comprensión se integra, la energía deja de estar atrapada en el pasado y vuelve a estar disponible en el presente.


Vivir desde perdón y aceptación

Uno de los aspectos más vivos del encuentro fue la observación de lo cotidiano. Perdón y aceptación no aparecen solo frente a grandes situaciones. Se expresan en lo simple: una palabra que incomoda, una reacción automática, una expectativa que no se cumple.

Cada experiencia trae una invitación silenciosa. Resistirla o permitirla. Cuando se permite, algo se integra. Cuando se rechaza, el campo de conciencia se contrae. Así, poco a poco, esta disposición interna se revela como la base real de la paz interior, no como un ideal espiritual, sino como una forma honesta de estar en la vida.

Aceptar no amplía la experiencia porque agregue algo nuevo, sino porque deja de excluir.


Tal vez perdón y aceptación no sean metas a alcanzar, sino descansos disponibles cuando dejamos de exigirle a la vida que sea distinta. En ese descanso, la paz interior no se busca: se reconoce.

Gracias por compartir este espacio de presencia y entrega.

Karel

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