El poder de la intención: Vibración, Mente y Espíritu

En este tercer encuentro de Entregados, la exploración se dirige a un aspecto sutil pero determinante: El poder de la intención.

Junto a Fernando Raspo, se abre un espacio para observar cómo la intención no parece ser solo un deseo superficial o una meta mental, sino una dirección de la conciencia que moldea la percepción de la realidad antes incluso de que la acción física tenga lugar.

A través de metáforas provenientes de la física, la tradición de la Cábala y las enseñanzas de David Hawkins y Wayne Dyer, se observa la posibilidad de que la experiencia vital no dependa tanto de lo que se hace en la superficie, sino del lugar interno desde donde se origina el movimiento. Se investiga, en esencia, cómo el poder de la intención define la cualidad de lo vivido.

Esta es una invitación a contemplar la diferencia entre moverse desde la sensación de carencia —buscando completarse con lo externo— o permitir que la acción surja desde la plenitud, donde el resultado ya no se persigue, sino que se encuentra.


El origen de la acción y la intención

A menudo, la atención cotidiana se dirige hacia la acción externa, la estrategia y los resultados visibles. Sin embargo, se puede observar que existe un movimiento previo, interno e invisible, que cualifica todo lo demás: el poder de la intención.

Al observar la dinámica de la manifestación, surge la percepción de que la dirección interna opera con una fuerza propia, a veces más determinante que la acción física misma .

Desde una mentalidad lógica o lineal, formada en estructuras convencionales como la ingeniería, se suele esperar que una serie de pasos conduzca a un resultado predecible: si se hace A y luego B, se obtendrá C. No obstante, la experiencia vital muestra frecuentemente que esa linealidad no siempre se cumple. Acciones idénticas, realizadas por personas distintas o en momentos distintos, pueden derivar en resultados opuestos.

¿Qué factor influye en esta variación? Se podría señalar a la intención misma como ese modulador invisible que se “infiltra” entre la causa y el efecto aparentes.

La pregunta útil para la autoindagación no es tanto qué hacer, sino: ¿Desde dónde surge esta acción?

Esta micro-elección, que ocurre instante a instante, parece teñir la cualidad del resultado final, revelando la influencia directa de la disposición de la conciencia en la materia .

La percepción de la carencia y la plenitud

Si una acción se inicia desde una sensación de carencia —por ejemplo, buscar algo externo para llenar un vacío interno—, se parte de la premisa de que la carencia es real . Al asumir la falta como punto de partida, la identidad se configura en torno a esa necesidad, debilitando el poder de la intención al fragmentarlo en el miedo.

Por lo tanto, es probable que cualquier resultado que se obtenga, aunque llegue en la forma deseada, no brinde la plenitud esperada. La causa interna (la sensación de escasez) no se ha modificado, y el objeto externo no tiene la capacidad de llenar una condición de la conciencia. Se acumulan resultados, pero la sensación de fondo permanece.

La perspectiva que aparece en este diálogo es ajustar el sentido de plenitud a la acción misma .

Si la acción presente se realiza con entrega, amor y disfrute, independientemente del resultado futuro, la experiencia inmediata es de plenitud. Ya no se está “esperando” a ser abundante; se está siendo abundante en el acto.

Al observar que la vida parece responder a la cualidad del ser más que a la petición verbal, se abre la posibilidad de experimentar abundancia en el acto mismo de dar o hacer.

Esto facilita el desapego del resultado: si la satisfacción reside en la acción y en la intención pura, el resultado externo es bienvenido, pero no condiciona la paz interna ni la identidad . Aquí es donde el poder de la intención se manifiesta como libertad.

La paradoja de la acción inspirada

Es relevante aclarar que confiar en el poder de la intención no implica necesariamente inercia o pasividad . No se sugiere una actitud de espera mágica sin movimiento.

Se trata de observar la diferencia entre la acción forzada y la acción inspirada.

La acción sigue ocurriendo, pero cambia su motor. Antes, el motor podía ser el miedo (“tengo que hacer esto para sobrevivir” o “para ser alguien”). Ahora, el motor puede ser el amor (“nace hacer esto para compartir” o “para expresar”).

La acción externa puede ser idéntica en su forma, pero la frecuencia vibratoria desde la cual se emite es distinta. Y la vida parece leer esa frecuencia con precisión, respondiendo no al esfuerzo, sino a la resonancia que activa la intención clara.


La física como ilustración

En este diálogo, se utilizan conceptos de la física no como pruebas absolutas o dogmáticas, sino como metáforas pedagógicas que ayudan a la mente racional a comprender principios intangibles, como la mecánica de el poder de la intención.

Fernando Raspo trae la imagen del espectro de la luz y la onda electromagnética para ilustrar la danza de dos fuerzas complementarias que operan en la realidad .

Se puede observar la interacción entre dos vectores:

  1. Fuerza Eléctrica (Dirección): Metafóricamente, representa la intención, el avance, la energía “masculina” o proyectiva. Es el vector que señala “hacia dónde”, la fuerza que energiza el movimiento .
  2. Fuerza Magnética (Atracción): Metafóricamente, representa la cualidad de recepción, el amor, la energía “femenina” o integradora.

Esta analogía sugiere que cuando la dirección (intención) y la cualidad (amor/magnetismo) se integran, la capacidad de influir en la experiencia se potencia. El poder de la intención no es solo fuerza bruta, ni solo sentimiento pasivo; es una alineación coherente.

Qué es el efecto observador y la intención

El experimento de la doble rendija en la física cuántica y espiritualidad se menciona frecuentemente en estos contextos como una ilustración del papel de la conciencia .

Este fenómeno, donde la presencia de un observador altera el comportamiento de lo observado (pasando de un patrón de onda de posibilidades a un patrón de partícula definida), sirve para simbolizar cómo la mirada interna afecta la experiencia de la realidad.

Sugiere que la disposición de la conciencia actúa como un foco que colapsa posibilidades infinitas en una experiencia concreta. Es la comprensión práctica de qué es el efecto observador.

Si la mirada está teñida de miedo, la experiencia tiende a confirmar ese miedo, colapsando la realidad en una forma que valida la creencia interna. Si la mirada está teñida de certeza, amor y apertura, la experiencia tiende a reflejar esa claridad.


Emuná y la cualidad de la emanación

Dentro de la tradición mística de la Cábala, aparece el concepto de Emuná. Aunque usualmente se traduce como fe, en este contexto se explora su significado vinculado a la “emanación”, la firmeza interna o el entrenamiento de la percepción .

Se plantea la idea de que “la propia emanación sana”.

Esto no implica una intervención externa basada en méritos o en un sistema de recompensas, sino la observación de que el estado vibratorio interno —dirigido por el poder de la intención— reordena la experiencia de la realidad circundante.

Entender esto devuelve la atención a la responsabilidad interna: se deja de mirar al mundo como la causa del malestar y se empieza a observar como un efecto o reflejo del estado interior.

La luz antes del prisma

Otra metáfora útil proveniente de la Cábala, compartida en la charla, es la de la luz y el prisma .

Se puede imaginar una luz blanca pura que, al pasar por un prisma, se fragmenta en múltiples colores.

  • Los colores representan las formas múltiples del mundo (objetos, situaciones, dinero, relaciones, logros específicos).
  • La luz blanca representa la totalidad, la plenitud del Ser o la Fuente.

A menudo, la búsqueda humana se orienta hacia la recolección de los colores fragmentados, persiguiendo uno tras otro en un esfuerzo que puede llevar toda la vida. La perspectiva que aquí se comparte sugiere usar el poder de la intención para dirigir la atención a la luz blanca antes de su fragmentación.

Al conectar con la sensación de totalidad interna (la luz blanca), el acceso a las formas externas (los colores) puede darse por añadidura, sin la tensión de la búsqueda desde la necesidad. Se accede a la fuente de la experiencia, en lugar de perseguir sus fragmentos.


Identidad y paradigmas

Para profundizar en el poder de la intención, se propone revisar desde qué identidad se percibe el mundo y desde qué paradigma se toman las decisiones.

Nuestra identidad construida suele apoyarse en paradigmas aprendidos —sociales, económicos, científicos, políticos— que dictan lo que es posible o imposible, seguro o inseguro .

Por ejemplo, si el deseo de realizar un viaje se filtra exclusivamente por el paradigma económico de la escasez, la respuesta será limitante. Si la salud se filtra solo por un paradigma materialista, la respuesta será parcial.

Sin embargo, existe la posibilidad de adoptar una identidad más amplia: verse como conciencia o alma en proceso de aprendizaje.

Este cambio de perspectiva reencuadra la experiencia completa y libera el poder de la intención de las limitaciones del ego :

  • Una dificultad material ya no es una desgracia, sino que puede observarse como una lección de confianza.
  • Un conflicto interpersonal deja de ser un ataque y puede verse como una oportunidad para practicar la paz o el perdón.

Esta intención de ubicarse en la identidad del alma facilita vivir en un estado de aceptación (referenciado conceptualmente en el mapa de David Hawkins como un nivel de mayor claridad y menor resistencia) .

Hablamos también de cómo los “lentes” con los que se mira tiñen la realidad . Si el lente es de escasez, la realidad se percibirá escasa, independientemente de los hechos. La intención de recordar la propia naturaleza esencial ayuda a limpiar estos lentes y percibir posibilidades que antes estaban veladas por la creencia.

La inercia del cambio

Es común observar que, al intentar aplicar una intención honesta para cambiar el “desde dónde”, surge una resistencia. El mundo, o la propia mente, parece traer una inercia del pasado .

Si se ha transitado durante mucho tiempo un camino de miedo o esfuerzo, al intentar cambiar hacia una senda de confianza, pueden aparecer desafíos que parecen contradecir la nueva intención.

Esto no significa que el proceso no funcione. Se puede ver como la inercia de un movimiento previo que se está agotando.

La perseverancia en sostener la claridad, sin luchar contra lo viejo, permite que esa inercia se disuelva gradualmente. Con el tiempo, la nueva manera de percibir se vuelve más natural y fluida, y la realidad empieza a reflejar este nuevo estado de coherencia.


La observación en lo cotidiano

La práctica de el poder de la intención no requiere grandes gestos ni retiros apartados, sino una atención constante en lo cotidiano.

Se trata de conectar con el bienestar o la paz en el momento presente, sin esperar a que la circunstancia externa cambie para permitirlo.

El ejemplo simple

Se compartió un ejemplo sencillo: ir a un comercio con la intención de irradiar alegría, independientemente de cómo sea el trato recibido por parte del comerciante .

En este caso, la experiencia de alegría ocurre en quien la emana. El propósito se cumple internamente en el acto mismo, validando una visión pura de la realidad. Frecuentemente, esta emanación invita al entorno a resonar, pero el bienestar propio no depende de esa reacción externa.

Esto ilustra cómo se puede recuperar el poder sobre la propia experiencia: decidiendo qué se va a aportar a la situación, en lugar de esperar a ver qué se recibe de ella.

La técnica del campo interno

Ante una sensación de malestar, angustia o miedo que la mente atribuye a una situación externa (la economía, el país, una relación), se propone un movimiento de introspección para trabajar sobre la causa real y aplicar el poder de la intención hacia la sanación :

  1. Abstracción: Retirar la atención del relato externo y de la historia mental.
  2. Visión del campo: Observar el propio estado interno, el campo de energía personal.
  3. Identificación: Localizar la sensación (miedo, tensión, angustia) sin juzgarla ni analizarla.
  4. Disolución: Permitir que esa energía sea, sentirla plenamente y dejar que se libere por su propia naturaleza transitoria.

Al disolver la carga interna, es común observar que la percepción de la situación externa cambia. La situación pierde su peso dramático, se transforma o, a veces, simplemente deja de ser un problema en la experiencia subjetiva. Se atiende la causa (el estado interno) en lugar de luchar contra el efecto (la pantalla del mundo).


Dos vías de acceso

Durante la conversación, se observó que existen diferentes temperamentos o caminos para llegar a esta misma verdad sobre el poder de la intención .

  1. La vía de la comprensión (Sabiduría): Es un camino donde la mente necesita entender la lógica, conectar los puntos, ver la coherencia entre física cuántica y espiritualidad. Cuando el intelecto comprende que soltar es seguro y lógico, se relaja y permite la experiencia.
  2. La vía devocional (Amor): Es un camino más directo, centrado en la bondad, el servicio y la entrega, sin tanta necesidad de explicación teórica. Se actúa desde el corazón y la confianza.

Ambos caminos son válidos y convergen. En espacios como Entregados, se utiliza la comprensión para habilitar la entrega, integrando ambos aspectos para potenciar la intención.


Integración y humildad

Al final de la exploración sobre el poder de la intención, surge un reconocimiento necesario.

Cuando la intención personal se alinea con un movimiento mayor —lo que algunos llaman la Voluntad Universal, el flujo de la Vida o el Amor—, la resistencia disminuye drásticamente. Ya no es la voluntad individual luchando contra la corriente, sino navegando en ella.

David Hawkins expresa esto diciendo: “El último paso lo da Dios” (o la Totalidad).

La parte individual aporta la claridad, la dirección, la limpieza emocional y la honestidad. La forma exacta en que eso se despliega, el “cómo” y el “cuándo”, pertenece a una inteligencia mayor.

Cerramos con una reflexión sobre la humildad compartida en la charla:

“La clave para crecer sin dolor es la humildad, que implica simplemente soltar el orgullo y la pretensión y aceptar la falibilidad como una característica normal de uno mismo y de los demás.”

Esta humildad permite transitar el camino sin juicio severo, aprendiendo y re-intencionando a cada paso, en una observación constante y serena de lo que es.

La invitación queda abierta a probar, no como un dogma, sino como una experiencia directa: usar el poder de la intención para soltar y observar qué sucede en la propia realidad.

Gracias por acompañarnos.

Karel y Fer

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