Darle forma a tu Propósito: La expresión inevitable del Ser

En este tercer encuentro del ciclo Emprender con Dios, compartido junto a Joaquín Alterman (@joaquinalterman), surge la invitación a observar uno de los movimientos más profundos y a menudo más resistidos de la experiencia humana: el impulso de darle forma a tu propósito.

A menudo, cuando se comienza a notar una pasión que se enciende, un burbujeo interno que busca salir a la luz, la mente condicionada interpone frenos inmediatos. Aparecen preguntas sobre el “cómo”, la necesidad de estrategias perfectas, la falta de recursos previos o la duda sobre la propia capacidad.

Este diálogo explora la posibilidad de que el propósito no sea algo que se deba construir con esfuerzo mental o estrategia comercial, sino una expresión inevitable de la conciencia que, si se permite, termina por desbordar cualquier estructura rígida del ego.

Se trata de observar cómo transitar este nacimiento sin convertirlo en sufrimiento, reconociendo que la vida misma ya está empujando hacia esa dirección. Darle forma a tu propósito deja de ser una tarea para convertirse en una rendición a lo que quiere emerger.


Diferencia entre propósito y objetivo

Es común en el lenguaje cotidiano confundir el propósito con los objetivos. Sin embargo, al observar con detenimiento la naturaleza energética de ambos, se percibe una clara diferencia entre propósito y objetivo.

La carencia detrás del objetivo

El objetivo suele nacer de una carencia o de la necesidad de tapar un vacío existencial. Es un movimiento del ego que busca “conseguir” algo externo —un auto, un viaje, una posición social, una relación— para sentirse completo o válido.

La mente proyecta que, al alcanzar ese hito, la sensación de insuficiencia desaparecerá. Pero la experiencia muestra repetidamente que, al alcanzar esos hitos, el vacío original a menudo permanece intacto o incluso se profundiza, pues lo externo no tiene la capacidad de llenar una condición interna.

“Sentir el vacío en donde vos creías que ibas a estar lleno, está el mismo vacío que cuando arrancaste, o peor, porque te das cuenta ahora que eso que creías que lo iba a completar no lo completa.” (Karel)

Esta es una observación fundamental en la diferencia entre propósito y objetivo: el objetivo promete un llenado futuro que nunca llega, manteniendo al individuo en una rueda de hámster de insatisfacción.

La contundencia del Ser

El propósito, en cambio, se experimenta como una contundencia que no pide permiso.

No es “lo que yo quiero para mejorar mi vida” o para adornar mi personaje, sino “lo que la conciencia quiere expresar a través de esta forma” .

Se puede observar que el propósito viene de un amor universal y no de un deseo individualista. Es una tendencia natural a ir hacia una zona desconocida pero magnéticamente atrayente. Mientras el objetivo busca llenar al individuo, el propósito busca vaciarlo para que pueda entregarse a algo mayor.

Cuando se intenta emprender o iniciar proyectos desconectados de esta fuente —simplemente porque algo “está de moda” o promete rentabilidad rápida, como en el ejemplo compartido sobre las inversiones en criptomonedas—, la estructura carece de sustento real . Al no haber una raíz en el Ser, la forma suele desmoronarse o sentirse vacía al poco tiempo, revelando la falta de cimiento. Aquí radica la diferencia entre propósito y objetivo: uno se sostiene por la fuerza del ego, el otro por el poder del Ser.


La vida como preparación

Una de las inquietudes más frecuentes al intentar darle forma a tu propósito es la sensación de no estar listo, de no tener las credenciales suficientes o de haber “perdido el tiempo” en caminos equivocados durante años.

Sin embargo, desde una perspectiva integradora y no lineal, propia del camino de Emprender con Dios, se puede ver que nada ha sido un error. Todo ha sido una maestría oculta.

La integración de los intentos fallidos

En la charla se compartió la observación de haber iniciado numerosos proyectos previos —quizás 20 o más— que en su momento parecieron finales, fracasos o desvíos. Sin embargo, al mirarlos en retrospectiva, se comprende que todos formaban parte del proceso necesario para darle forma a tu propósito hoy.

Cada experiencia, cada desafío técnico, cada relación y cada herramienta cultivada en el pasado son los recursos que hoy están disponibles para ser ofrecidos. Aquello que parecía un camino errático se revela como un entrenamiento preciso.

“Todos formaban parte de tu propósito, porque esas son las herramientas que hoy le podés hacer a otros. Lo que, como decíamos, lo que fuiste cultivando en el proceso.” (Karel)

Nada se desperdicia

El propósito no es algo que se encuentra fuera como un objeto perdido; la vida misma es el propósito.

No se trata de borrar el pasado ni de ocultar las cicatrices, sino de cosecharlas. Aquello que se vivió, incluso lo que se juzgó como un desvío doloroso o una pérdida de tiempo, ha generado la madurez, la empatía y la comprensión necesarias para acompañar a otros hoy.

Quien ha atravesado la oscuridad y ha encontrado la salida es quien está más capacitado para sostener la lámpara para otros. En el contexto de Emprender con Dios, el currículum no son los títulos académicos, sino la propia vida integrada y aceptada.


El salto y la resistencia

Asumir el propósito conlleva, a menudo, un momento de ruptura con la inercia anterior. El sistema de pensamiento conocido, basado en la seguridad y la previsibilidad, se ve desafiado, despertando el miedo a emprender.

La incomodidad de la zona conocida

Joaquín compartió su experiencia de dejar una estructura corporativa multinacional, con proyección de gerencia y seguridad económica, al sentir que “su alma no quería estar ahí” .

Existe una tensión natural entre la seguridad de la dependencia y el riesgo de la soberanía. En la dependencia, el miedo a emprender se adormece porque la responsabilidad última es de otro. Sin embargo, tampoco se tiene acceso al “elixir de la vida” que es el autodescubrimiento.

“Podría decir, bueno, no, vuelvo a la independencia donde no tengo ese miedo… pero no voy a tener el elixir de la vida que es lograr un desarrollo inmenso y una libertad inmensa como es estar en mí todo el tiempo.” (Joaquín)

Este movimiento de soltar lo conocido —la seguridad, el sueldo, el rol social— para saltar hacia lo incierto del propósito se describe como un proceso de “soltar y saltar”. Es un acto de fe donde se deja de sostener la orilla para permitirse ser llevado por la corriente, atravesando el miedo a emprender.

Jugar en las ligas mayores

Se utilizó una metáfora potente para describir la intensidad de este cambio: entrar en el propósito es como “ir a jugar al Barcelona”.

Al principio, puede que la experiencia sea abrumadora. Se siente que no se está a la altura, que la presión es demasiada o que las habilidades no son suficientes. Es un gimnasio intensivo para el alma. Si no se está en conciencia, el miedo a emprender puede transformarse en sufrimiento o juicio.

Pero se puede observar que esa intensidad es parte del regalo. Es una liga que permite un desarrollo espiritual y una soberanía del ser que difícilmente se encuentra en la comodidad de la dependencia.

El miedo a fallar, a equivocarse o a que las cosas no salgan como la mente proyecta, deja de ser un obstáculo para convertirse en el material de trabajo. El emprendimiento consciente pone esos miedos de frente para que sean trascendidos.


El proyecto como espejo del Ser

Una dimensión sutil que se exploró es la función del proyecto como herramienta de autoconocimiento. En el camino de Emprender con Dios, no se trata solo de “hacer” algo en el mundo, sino de “verse” a través de lo hecho.

La extensión de la consciencia

Joaquín propuso ver el proyecto como una extensión de uno mismo, similar a la función de un espejo.

“Nos extendemos a través de un proyecto para poder verme en el proyecto porque a veces desde desde 1 mismo, de hecho, si no tuviéramos un espejo, no sabríamos cómo somos.” (Joaquín)

Así como la Fuente se proyecta en la creación para experimentarse a sí misma , el individuo se proyecta en su propósito para reconocer sus propios matices. El emprendimiento devuelve una imagen fiel de los miedos, las potencias, las limitaciones mentales y la capacidad de amar.

Por tanto, darle forma a tu propósito no es solo un acto comercial; es un acto ontológico. Es crear una superficie donde la propia conciencia pueda reflejarse y, al verse, expandirse.


La acción en el presente: empezar a caminar

Frente a la parálisis por análisis —el querer tener todo resuelto antes de empezar—, surge una propuesta simple basada en la confianza en el proceso: empezar a caminar.

El movimiento ordena la carga

Existe una frase popular citada en el encuentro que dice: “los melones (o las sandías) se acomodan en el camino”.

“Es que empezar a caminar.” (Karel)

Esto sugiere que no es necesario tener toda la estructura definida, ni el plan perfecto, ni todas las respuestas antes de dar el primer paso. De hecho, es el movimiento mismo el que genera el orden.

La mente quiere el mapa completo antes de salir; el espíritu avanza con confianza en el proceso, sabiendo que el mapa se dibuja al andar. La claridad no es un requisito previo, sino una consecuencia de la acción.

Empezar con lo que hay

Se puede empezar hoy, con lo que hay, sin esperar condiciones ideales. Quizás es hablar con un amigo, ofrecer una ayuda desinteresada, compartir una reflexión en redes o brindar un servicio pequeño.

Fue así como surgieron las mentorías mencionadas en la charla: no desde un plan de negocio complejo, sino desde la confianza en el proceso natural de compartir lo que a uno le apasionaba y ver que al otro le servía.

“Yo no sabía lo que era una mentoría hasta después de ya estar haciéndola… Y empecé así, con amigos que les tiraba la onda… y empecé a escuchar, che, qué piola… Si a vos te sirvió, probablemente alguien más también.” (Karel)

No se trata de esperar a “consumirse todo el mundo”, leer todos los libros o tener todas las certificaciones para empezar. Se trata de ver qué se puede dar hoy, en coherencia con el estado actual. Darle forma a tu propósito es un acto de descubrimiento en tiempo real.


El servicio y el bien mayor

Finalmente, el propósito se distingue del capricho del ego por su dirección: se fundamenta en el servicio como propósito. Deja de ser un movimiento centrípeto (hacia el “mí”) para convertirse en un movimiento centrífugo (hacia el “todos”).

El cambio de dirección

Cuando se va a emprender una acción, se puede verificar internamente la intención con una pregunta: ¿Es esto para el mayor beneficio de todos los involucrados?.

Al adoptar el servicio como propósito, cambiando el enfoque de “qué puedo obtener de esto” a “qué puedo dar”, se crea una ruta neuronal y energética distinta. Se sale de la mentalidad de escasez y competencia para entrar en la mentalidad de abundancia y contribución.

Ya no se trata solo de ganar dinero o reconocimiento —aunque estos puedan llegar—, sino de ser un canal de algo mayor que uno mismo.

La abundancia como consecuencia

Esto no implica que no haya beneficio personal o que se deba vivir en sacrificio. Por el contrario, el beneficio personal es una consecuencia natural de el servicio como propósito.

Se observa que, al actuar desde este lugar de servicio y “bien mayor”, el paisaje del camino cambia. Se deja de vivir en la “lucha” o el “sacrificio” constante y se empieza a transitar una ruta de plenitud, donde cada paso ya tiene sentido en sí mismo, independientemente del resultado final.

“Ya no solo es para mi propio beneficio individual… sino que sí, yo también me beneficio, pero todo se beneficia.” (Karel)

Al mirar a los costados, el paisaje se vuelve disfrutable incluso antes de llegar al destino proyectado. Se encuentra un descanso en la acción misma.


El éxito como amor a la existencia

En la charla se redefinió el concepto de éxito, alejándolo de las métricas externas y acercándolo a la experiencia interna del Ser.

Amar lo que se es

Para el ego, el éxito es un número o un aplauso. Para la conciencia, el éxito es la capacidad de amar la propia existencia tal cual es.

“Para mí el éxito es estar a gusto con lo que… amarte, así tal cual como sos… Cuando 1 va haciendo ese proceso, realmente 1 termina amando su existencia.” (Joaquín)

Si no se está amando lo que se es, es probable que haya un fragmento del pasado —un “fractal”— que aún requiere perdón o integración. Emprender con Dios implica usar el proyecto como una vía para recuperar ese amor propio, integrando cada parte rechazada a través de la experiencia creativa.


Integración: Sostener el sueño

El encuentro cierra con una reflexión vital sobre la continuidad y la confianza en el proceso.

A veces, la mente busca la satisfacción inmediata o la huida hacia el placer momentáneo (como el deseo de estar en la playa en lugar de cumplir un compromiso). El ego prefiere lo cómodo y lo instantáneo.

La satisfacción de la disciplina

Sin embargo, hay una satisfacción profunda, una “gloria” interna, en sostener el sueño y darle continuidad a lo que se ama, incluso cuando requiere esfuerzo.

“Hay una hay algo tan glorioso en el sostener… ese sueño… En darle una constancia a eso… hay una gran satisfacción que no te la va a dar, o sea, que no está en nada de lo que por ahí te da satisfacción instantánea y ya.” (Joaquín)

La disciplina, en este contexto, no es una rigidez impuesta ni un mandato externo, sino un acto de amor hacia el propio propósito. Es la voluntad de quedarse en el espacio donde el propósito se manifiesta, sabiendo que en esa constancia hay una gratificación que lo efímero no puede dar.

Darle forma a tu propósito es, en última instancia, permitirse ser vivido por la vida, integrando el servicio como propósito, trascendiendo el miedo a emprender a través de la acción y descansando en una profunda confianza en el proceso.

Karel

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