Hay un único propósito al cual todos estamos llamados por igual.
Un único propósito que empieza a ser la brújula, el Norte al cual se dirige nuestro barco.
Es un propósito que, si está realmente ubicado a conciencia, nos permitirá llegar a destino. Pero lo cambia todo: ya no llegamos con la expectativa del logro, sino habiendo disfrutado el tránsito mismo.
Aprendemos a navegar cada kilómetro del camino sabiendo que estamos obrando a conciencia en ese transcurrir. Dejamos de esperar a llegar para disfrutar, y empezamos a disfrutar el presente por el solo hecho de hacerlo.
Pero aquí empieza la duda, la dicotomía interna: ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿Desde dónde puedo ver que hay verdaderamente un único propósito?
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